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Cuando Pierre Taittinger descubrió la Champaña, era un joven oficial de enlace durante la Primera Guerra Mundial. Como apasionado del vino y de la gastronomía, volvió algunos años más tarde e invirtió con su cuñado toda su energía en el desarrollo del negocio del Champagne.

En 1932, compró el Castillo de la Marquetterie está ubicado en pleno corazón de la Champagne. Frente a la Côte des Blancs, donde puede contemplarse toda su extensión. Esta casa solariega construida en 1734 en el más puro estilo Luis XV, se aferra a las laderas de un cerro cubierto de viñas que dominan al oeste el pueblo de Pierry. Taittinger se gana un puesto entre las grandes Casas de la Champagne, imponiendo con osadía un estilo innovador muy marcado por el Chardonnay.

Después del rescate de la empresa familiar en verano de 2006, Pierre-Emmanuel Taittinger se rodea de un equipo directivo joven y unido, con afán de conquista y de continuidad. Su hija Vitalie y su hijo Clovis le acompañan en esta aventura.
Actualmente, sede del Champagne Taittinger, la Abadía de Sanit-Nicaise con dieciocho siglos de historia custodian el paraje de la loma Sanint-Nicaise. Bajar hasta 18 metros bajo tierra, es remontarse en el tiempo, cruzarse con el espíritu de los monjes que ya trabajaron aquí en el siglo XIII y penetrar en un mundo de silencio excavado en la época galo-romana.
Todavía hoy, encima de los vestigios de la Abadía de San Nicasio, el champagne marca el ritmo de la vida de los hombres. De los hombres que saben que bajo sus pies, el champagne debe tomarse su tiempo.

Plantado a razón del 37% de Chardonnay, 48% de Pinot Noir y un 15% de Pinot Meunier, el viñedo de Taittinger refleja de maravilla el estilo propio de los vinos de la Casa, en el que el Chardonnay juega un papel primordial en la elegancia y la frescura.